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Jamás.

Si todos los precipicios terminaran en ti, 
saltaría en cada uno de ellos.
Si existieras en la oscuridad, 
no tendría miedo de apagar todas las luces. 
Si en cada nuevo principio, estuvieras tú,
comenzaría todos, y cada uno de ellos. 
Si ser valiente me acerca a ti, 
borraría la palabra miedo de todos los diccionarios. 

Y me convierto en invencible si hay que vencer todo, 
en creyente si tengo que pedirte en deseos, 
en músico si tengo que tararearte, 
en esperanza si tengo que esperarte, 
en besos si tengo que dártelos, 
y en sueños por si esta noche no duermes conmigo.

Pero por si acaso tengo algo de poeta,
me convertiré en cada uno de los grandes poemas, 
para que el mundo al verte entienda por qué existe la poesía. 
Y es que no hay nada mejor que verte en versos,
porque si algo tienen las palabras, 
es que no se olvidan jamás. 

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_ _ _ _ _ _ _ sola.

No sé lo que siento
ni por qué.

Hace casi tres años
rompieron hasta la última pieza de mí.
Me he vuelto a recomponer,
pero ya nunca seré la misma.

Me he buscado por mil rincones,
he arrancado mil raíces,
me he arrancado las alas.
Ahora no tengo ni idea de cómo ponérmelas,
y de ser así,
no sé si algún día podré volver a volar.

Entre bares y aparcamientos vacíos,
aprendí que una persona puede mirarte a los ojos,
y no verte.

Pasa lo mismo con lo que escribo,
pueden leerlo.
Pero nadie entiende
y tal vez por eso lo hago.

Hace tiempo que no digo 'Te quiero'.
No porque no lo sienta,
es que ya no sé decirlo.

En un mundo de mentiras,
querer, se ha convertido en una más.
Algo está realmente jodido
cuando dudamos de querer
o ser queridos.

Creo que es algo sobre lo que no se debe dudar.
Jamás.

El caso es,
que me llevó medio segundo
el darme cuenta de que estaba a punto de cometer el mayor error de mi vida.
Y luego seis meses
para darme cuenta de que lo estaba cometiendo.

Tenía que frenar,
y sólo podía sentir como aceleraba…

Aquí sigo.

Sabía que me estaba metiendo en la boca del lobo,
pero qué bien sienta a veces cuando te comen.

Tirarse sin paracaídas,
acelerar cuesta abajo,
saltar de espaldas.

No mirar las cartas que están sobre la mesa, y jugársela
me parece una muy buena forma de ganar la partida.

Hubo un día en el que miré atrás
y ya no había absolutamente nada.
¿Se supone que debo de sentir miedo?
Hace tiempo que le perdí el significado,
aunque eso carezca de sentido,
y yo no sepa bien qué hacer ahora,
o en que lugar nos deja después de todo lo que hemos dejado de ser.

Hace más de lo que recuerdo,
que no recuerdo dónde se rompieron todos los lazos, 
y las cartas a mano, 
y los juegos de palabras de dejarnos en silencio. 

Hace diez mil mentiras que no te creo. 
Aún así, todavía espero escuchar alguna verdad.
O entender, por qué a pesar de todo, sigo permaneciendo inmóvil donde siempre, 
escuchando una y otra vez, 
lo que hace demasiado tiempo dejaste de decir,
o yo de oír.

Todas las últimas veces dejan de serlo constantemente. 
No pone…

Sobran verbos.

Y te preguntarás qué querré decir.
Yo me pregunto qué no.

Hay tantas preguntas que solo nos centramos en eso,
nos olvidamos de contestar, 
nos olvidamos de las respuestas, 
nos olvidamos de aquello que nos inspiraba. 

¿Qué nos inspira?
O, qué nos llena..

¿Por qué lo que nos llena nos vacía?

No sé, 
cuando tiene que ver contigo no sé nada,
dudo todo, 
nada es y todo sí. 

No entiendo como hemos llegado hasta llegar a irnos.
Como hemos pedido deseos, 
y hemos esperado que nos cumplan a nosotros. 

¿Qué nos pedimos a nosotros?

O qué hacemos para pedir por, 
pedir a,
o simplemente pedirnos. 

¿Y si nos pedimos luchar por nosotros mismos?

Yo me lo pido y me olvido.
Me lo debo, 
y te lo debo.
Sino, tal vez no estaría diciéndote todo esto. 

No sé por donde seguir y aún así sigo. 
No sé por qué debería seguir aquí después de tanto, 
después de todo. 

No sé si me leerás, 
si me entenderás,
y a estas alturas tampoco me importa. 

Supongo, 
que sólo quiero decir que, 
aunque no sepa como.

No sabría decirte ni aunque me mires a los o…

Mereces un huequito aquí.

No sé cuál es el motivo,
que lleva a una persona a escribir,
pero bendito motivo.
Llorar,
palabras,
es la mejor forma de llorar que conozco.
(Y tú tienes gran culpa de ello)

Siempre he dicho
que a los monstruos hay que sacarlos a pasear,
que se pierdan si es necesario,
o que vuelvan,
si tienen que volver.
Al final
lo malo
sirve para hacernos fuertes.

Por experiencia diré,
que escribes una vez,
y caes en un puto vicio.
Pero leer,
leerte,
esa sí que es la mejor droga que conozco.

Y decirte,
que gracias a ti entendí que escribir no es huir.
Es afrontar.
Y hay que ser muy valiente,
para soltar todos,
y cada uno de tus miedos,
como quién anda con una pistola cargada,
y espera no dispararse encima.

Al fin y al cabo,
escribir y quedarse desnudo,
es casi lo mismo.
Y es cierto que mi cuerpo no te dirá lo mismo que mis palabras,
pero al final,
lo realmente jodido,
es sentirse expuesto.

Hay sonrisas,
letras,
y sombreros de medio lado,
que te hacen ver la vida de otra forma,
o entenderla,
o expresarla,
o como quieras llamarlo.
Y mira que …

Revuelto.

No sabía lo que estaba a punto de pasar, 
sólo me situé en el momento previo a, 
y esperé.

Esperar, 
suena tan desesperante cuando no sabes cuanto tiempo te llevará...
Al final de un montón de escusas, 
y noches en otras camas a las que no pertenecemos, 
suspiramos imaginando que hubiera pasado aquella noche, 
o aquel día, 
o cualquier otro momento seguido por ganas, 
o cojones, 
de afrontar que estábamos jodiendo la única cosa buena que nos había pasado en la vida.

Es más fácil engañarse que engañar.
También más peligroso.

Hemos construido un enorme castillo 
de peros y quizás
y muy pocas respuestas que demuestren que en todo esto hay un mínimo de sentido, 
que no sólo es azar, 
y que no me estoy volviendo del todo loca 
aunque tú no seas capaz de verlo. 

Te miré a los ojos
y te mentí tan bien que hasta yo me lo creí. 

No sé si sentir miedo u orgullo,
aunque a estas alturas me conformo con sentir cualquier cosa.

Créeme, 
ya no estoy esperando por ti.
Tampoco es que esperara antes, 
pero supongo que una buena f…

Esta es una de las entradas más dolorosas que he escrito.

No quiero que te preocupes si me ves triste. No es tu culpa, al contrario. Me has dado diez años de amistad incondicional, y me pone triste darme cuenta de que no va a ser para siempre. 
Deberías ser para siempre. 
Pero de los de verdad, de los que duran toda la vida. 
Es increíble como eres tú el que aún viene a consolarme, cuando eres tú el que me necesita ahora más que nunca. Yo te necesitaré siempre, y siempre tendrás una parte de mi. 
Disfrutemos ahora de lo que nos queda juntos, porque el cuerpo muere, pero un amor como el que tú me has dado, no morirá jamás.