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Lucha interna.

He intentado hablar en voz alta mientras siento como mi boca está cerrada cuando realmente está abierta. 
Caminar por la calle sin rumbo nunca fue tan eficiente como ahora, pues las notas rotas de un piano me hacen compañía mientras camino por esa calle en la que hace tanto frío que duele respirar.
Un poco más de volumen hace que el momento sea perfecto, especial, único. 
Un poco más de volumen siempre consigue todo.
Puedo sentir las notas tan dentro de mi que olvido por un momento que el frío poco a poco le va ganando ese pulso a mi cuerpo, cual rosa que se marchita sin que se pueda hacer nada para salvarla. 
Busco a alguien.
Realmente busco a alguien. Realmente anhelo sentirle cerca, mientras que el miedo de que pueda ser alguien más hace que mi corazón lata tan fuerte como el de un niño asustado por un payaso.
Un abrazo perdido entre los sueños de aquella noche que terminó hace ya demasiado tiempo. Unos sueños que se rompieron en pedazos  cual baso de cristal frágil y sin protección. Todo se desmorona con cada nota, con cada paso sin rumbo, con cada punzada de frío. Hasta el viento se queda a un lado al comprender que el dolor ya es suficiente. Pues las hojas ya no ruedan por el suelo, yacen tranquilas en cualquier lugar lejos de las copas de los árboles, que es a donde realmente pertenecen.
¿A dónde pertenezco yo?
Nadie me reclama, y a quien reclamo yo hace mucho tiempo que está lejos, ausente, perdido. Quiero encontrarlo y quiero no querer hacerlo.
Quiero luchar y no quiero perder.
Porque da igual que digan que el soldado es un héroe aunque muera en la batalla, pues yo no quiero perder, yo sólo quiero ganar.
Ganarte.
Una vez más.


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Especial.

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