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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Mi mundo tiene tu aroma, tu melodía favorita y mi vida de fondo.

No voy a seguir el recorrido de mis lágrimas  por mi cara que gritan tu nombre.
Esta montaña rusa emocional acabará conmigo, tarde o temprano, y por temprano me refiero a jodidamente pronto.
E frío está a la vuelta de la esquina  y la dirección hacia el lugar donde te encuentras se ha esfumado  con el último atisbo de esperanza que quedaba en esta habitación demasiado vacía. 
Y sonríes como si la vida te fuera en ello. Y queda todo demasiado forzado.
De dos a tres segundos de shock  cada vez que respiramos este aire que contiene una tensión tal  que puede ser cortada con un cuchillo.
No se trata de cortesía esta vez, llámalo necesidad.
No lo entiendas y espera a que te lo explique yo.
Así que observa como las llamas hacen su trabajo  redicen a cenizas todo aquello que deja de doler.
El viento se lleva consigo el rastro de los restos que una vez nos pertenecieron  y que más tarde  quedaron consumidos a la nada. Como nosotros. Irónico. De ironías no entiendo y entiendo que esto lo es.
Lo somos desde un principio  y …

Aquello de que cambiamos.

Una sonrisa de cortesía, 
y los nervios del silencio borroso, 
sabría ya que no vendría, 
o esperaba tal vez solo un poco.
Que así de rápido pasa el tiempo, 
y perdemos lo que tuvimos, 
tal vez a nosotros mismos, 
quizás todo lo que fuimos. 
Reconozco aquel viejo desconocido, 
perdiendo pasos entre el camino, 
por caminar descalzo y con el miedo a cuesta
mientras sus pies se cortan en fragmentos de vidrios.
Comenzar por el final el principio, 
y perder el principio otra vez, 
y es que estaba tan claro lo que vimos, 
que solamente queríamos dejar de ver.
 Y suenan esas notas de melodía en silencio, 
de una banda sonora que ya no reconozco, 
dos notas un poco más agudas, 
y otras dos que apenas tienen tono.
Entiendo que entiendas entonces, 
que notes que en el fondo yo noto, 
que ya no somos los de antes, 
pues al parecer, hemos crecido un poco.
Ahora tú a mi ya no me conoces,
y la verdad, 
es que yo a ti tampoco. 


Cada vez que sonríes pasan las mismas diferentes cosas.

Me perdí mientras leía, del desamor que el amor provocaba. 
La estúpida agonía del momento en que aparece tu silueta al final del pasillo y entiendo que mi mente relaciona por alguna horrible razón, la palabra amor contigo.
Sigo por lo pronto, preguntándome por qué en algún momento pensé que si cerraba los ojos dejaría de verte. Que si me tapaba los oídos, dejaría de escucharte. Que si me tapaba la nariz, dejaría de respirar tu olor. Para no amarte no sé que idiotez se me habría ocurrido, pues sin corazón tampoco se puede vivir. 
Mi precio es vivir con él, y que sea tuyo.
Entre las calles sólo pasan almas perdidas y solitarias que tal vez buscan un poco de compañía en el lugar más cercano. 
Yo busco algo de alcohol para matar de golpe esta nostalgia que mi tiene ya un poco hasta las narices, y me siento en la barra de cualquier bar a esperar que suene aquella canción por casualidad, mientras me tomo a palo seco el último trago. 
Del camino de vuelva y vuela no recuerdo ni tan siquiera la mi…

Juntos pero no envueltos.

Supongamos que me pides
que me pierda porque me sé encontrar.
Será fácil si sólo sé buscar en ti,
y no tropiezo en cada paso al andar.
Pídeme silencio,
pídeme volver,
pídeme tiempo,
o pídeme tan sólo que esté.
Pídeme lo que quieras,
y supongamos que me pides a mi,
yo me quedaría a mi manera, 
para luego volverme a ir.
Pido tu piel ahora,
y un suspiro que sea por mi,
un frasquito con tu aroma,
o dos pasos y medios dirigidos a ti.
Olvidemos luego todo esto,
y supongamos entonces una vez más,
que te pido y me pides
pero ninguno de los dos da más.
Y quedamos más lejos que cerca,
con más luz que claridad,
que por avanzar y esperar en espera,
ahora, 
siempre nos quedará esperar.