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Mostrando entradas de noviembre, 2013

Aquí también debería nevar.

Busco algo
tal vez,
pero a saber qué.

Lo que sea entre monedas de media cara
que sólo hacen bulto en el bolsillo del pantalón.
Tal vez, 
para no sentir el vacío de las llaves
que antes abrían la puerta de tu casa.
Como en un semi abrir de ojos te veía observándome mientras dormía, 
y ahora, 
solo me queda hacerlo en sueños.

Te estoy cediendo el derecho a pensar que soy fría
esperando entonces que entiendas
que el hielo a veces
también quema.

Así que cuidado, 
que me pillas,
y mira que pillarme por ti es lo más fácil que puedo hacer.

Y es que yo no tropecé con una piedra,
yo me caí
y me rompí los dientes.
Perdóname entonces si paso de caminos,
y es que para caminar
prefiero acostarme aquí a esperar,
a esperarte, 

y a saber a qué más. 

No te pierdas. 



La distracción que aparece en cada palabra escrita de más.

Resulta que entre las viejas historias 
encontré un riconcito donde poder dormir
durante toda la noche siguiente.
Quien sabe, 
tal vez
con un poco de suerte me levante rodeada
de todos y cada uno de los besos que no te di 
por miedo a perder un poco de algo que ya no me pertenecía.

Resulta que aprendí 
que las nubes también lloran al escuchar tu nombre,
se estremecen un poco en mi honor
y estallan con cada suspiro de propina que te dedico. 

Una nota más abajo del último cajón de la derecha
lleva escrito tu nombre
a bolígrafo 
tu número de teléfono. 
Que no te voy a llamar, 
pero por si acaso. 

Aprendí a escribir con bolígrafos aún consciente 
de que los errores no podían ser borrados. 
Jamás he vuelto a escribir en lápiz desde entonces. 
Y es que en cada sensación de alivio al ver que te alejas 
sobreentienden las ganas que tengo de que te marches
tan solo por el placer de verte llegar.
Quién lo diría entonces, 
el masoquismo es la mejor sensación del mundo
cuando tiene tu nombre. 
O tu rostro.
O todos y cada un…

Resumen resumido.

Es como cuando te vas a caer.
Tratas de recuperar el equilibrio, mantenerte.
Y cuando crees que sólo quedó en un tropiezo, 
te das de morros contra el suelo.
Eso es el amor, señores. 

Cada nota verde va por ti.

Entre resaca y resaca sólo hay intervalos de borracheras en las que me tomo a cada dos minutos el último chupito en tu honor. 
Es así como en cada suspiro entre los pasos a gritos de tacón con el eco a volumen vertiginoso descubren unos labios demasiado rojos, que dejan huella en cada dos besos y un ''como va todo''.
Así que siéntate a observar en silencio este baile de desconocidos que replican entre y por qué si cualquier tontería dicha la noche anterior entre las sábanas de una cada aparentemente vacía. 
Dime entonces por qué no entras. 
Te busco y te encuentro sin saber que sigues a mi lado. Tal vez noche tras noche me perdía contando las estrellas de un cielo tan oscuro que apenas deja ver a la luna. Deja entonces que contemple su belleza, y anoto como dato al azar que la única belleza que soy capaz de reconoces es la de tu rostro y tu espalda desnuda entre mis manos, amor. 
Que escribiré la tercera parte de nuestra historia, ya que nuestro guionista se olvidó de nosot…

El arte de eso llamado ''palabras''.

Y te diré sin decir, 
que las palabras no se miden,
si se dicen o no se dicen, 
que tal vez fue un tormento, 
el dejarlo todo al tiempo, 
y calcular el que sentir.

Que no tiene que ver, 
el mirar o no hacerlo,
el sentir un sentimiento,
que borró el lado cuerdo, 
a lo que quedó por hacer.

Y te digo sin querer, 
que no entiendo la sinfonía, 
tal vez por la agonía, 
o dulce filosofía 
de que todo sale bien.

Y saldrá tal vez mejor, 
la vez que no se juega un pulso,
que desgasta por el uso, 
el corazón como motor.

Y si no, él lo intentó, 
tal vez con miedo a la caída, 
que quizá, perdió la partida, 
pero tendrá claro que en la vida, 
antes de perder, luchó.