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Mostrando entradas de noviembre 21, 2013

La distracción que aparece en cada palabra escrita de más.

Resulta que entre las viejas historias 
encontré un riconcito donde poder dormir
durante toda la noche siguiente.
Quien sabe, 
tal vez
con un poco de suerte me levante rodeada
de todos y cada uno de los besos que no te di 
por miedo a perder un poco de algo que ya no me pertenecía.

Resulta que aprendí 
que las nubes también lloran al escuchar tu nombre,
se estremecen un poco en mi honor
y estallan con cada suspiro de propina que te dedico. 

Una nota más abajo del último cajón de la derecha
lleva escrito tu nombre
a bolígrafo 
tu número de teléfono. 
Que no te voy a llamar, 
pero por si acaso. 

Aprendí a escribir con bolígrafos aún consciente 
de que los errores no podían ser borrados. 
Jamás he vuelto a escribir en lápiz desde entonces. 
Y es que en cada sensación de alivio al ver que te alejas 
sobreentienden las ganas que tengo de que te marches
tan solo por el placer de verte llegar.
Quién lo diría entonces, 
el masoquismo es la mejor sensación del mundo
cuando tiene tu nombre. 
O tu rostro.
O todos y cada un…