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Mostrando entradas de febrero, 2014

Nosotros si.

Te escribí a gritos lo que en silencio callabas. 
Te encontré por casualidad, y no he podido dejar de leerte.
Llegué un poco tarde y me senté a esperarte, sin pensar en el frío que me congelaba los sentimientos. 
Tuyos.
Llegaste tan rápido, que no tuve que esperarte nunca más hasta ahora. Te has ido con mi frío y con tu aroma con olor a mi. 
Llegué luego, y esa vez muy temprano. Esa es quizás, la escusa para bombardear mis sentidos, esa que utilizarás, para reconstruir estas viejas ruinas de lo que ''tal vez''. 
Será tarde y hará frío, pero traerás contigo tu aroma, con olor a mi, y se derretirán todos mis sentimientos. 
Tuyos. 

Necesito encontrarte.

Sin lugar a dudas
y con más de una de ellas,
sin precio,
sin cuerda,
sin caída,
sin alas.

Una sensación, de repente
de perder la caricia de aquella noche.
Sin estrellas,
sin frío.

Nos derretimos entonces 
por el calor de aquel susurro.
Aquel grito en silencio
tiene más paciencia
que todos los pasos que han quedado anclados
en algún lugar de la brisa de ese invierno. 

El calor de las ganas
han cambiado 
y han dejado la impaciencia 
de cambiar el ser fuerte
por solo ser.

Sin fuerzas,
sin ganas.

Como se es en la intimidad de aquella espina,
que ha perdido su rosa,
pero no su color.

Como pierde el encontrado
las ganas de buscar el olvido,
en el tiempo en que mis palabras
carecían de un significado cargadas de sentido.

Opuesto entonces a nosotros
almas perdidas como peso sin plomo,
volando en dirección contraria
al único lugar al que no debería ir.
Ni en sueños.

A veces en sueños lo tenemos todo.
Y a veces
no. 

Que hermoso eres cuando llueve.

Decidí escribirte en esta noche rota,
para reconstruir 
aquel pedacito de sonidos que formaban tu respiración
entrecortada. 

Ente melodías de verano
que nos acompañan hasta la última copa
en casa,
más cerca del éxtasis final.

Caí en la primera mirada
en la primera farola de la avenida
aún no me he vuelto a levantar 
y te digo
que se te ve muy bien desde aquí.

Esperé durante dos segundos para que llegaras.
Ahí estabas tú;
buscándome.
Ahí estaba yo;
dejándome encontrar.

Me han leído mis derechos
y me perteneces esta resaca también.

Llámame loca, 
pero que bien te describe 
toda ella.
Mi locura
digo.

Que bien se portó el destino
y que poco me engaña tu perfume.
Conozco tu olor mejor que nadie,
el tuyo,
ese que no venden en ningún frasco
pero que ojalá. 

Tal vez sonrío
por eso de que sabía
que no quedaba mucho más,
ni muchos menos 
de lo otro.

Sabía también,
que no llegaría entre charcos secos,
de todo lo que se hundió entre nosotros
y hoy
se recompone a pedazos.

Quizá 
pueda buscar en toda esta mañana
si aún queda algo de aquello…

La diferencia entre deber y querer. Ya sabes.

Romper mil platos
caminar luego, sobre ellos,
sangrar todas las ganas 
perdidas,
posibles,
y no encontrar como parar,
a pesar de cualquier dolor.

No sé yo
si se llama 
masoquismo
o necesidad. 
Sólo que aparece sin respiración,
y con ese aire,
con aquel aroma
que tan bien conozco. 

Digo.

Que no puedo sentarme aquí
a esperar como aquel día,
en aquel invierno,
con aquel sol despistado.

Tampoco en este invierno de ahora,
que está siendo más parecido,
a las llamadas perdidas a la razón
de supervivencia, 
de quién se quema la mano,
y vuelve a tocar el fuego
con nostalgia. 

Si me siento,
me consumiré tan rápido
como esas ganas
de poderlo todo en un segundo,
sin saber
que el reloj no existe,
pero que sigue corriendo más rápido que nunca.
Como tú.

Si el dolor se siente así,
que así se sienta.
Se siente.
A mi lado,
como mi barrera de realidad,
y la tuya
de que tal vez no deberías seguir aquí,
pero es el mejor sitio,
porque aquí estoy. 



De vuelta a las andadas.

Entre mesas perdidas
y miradas encontradas,
cabezas agachadas
y una tenue luz que no alcanza 
ni para mirarse los pies,
descalzos.

Menos alas que ayer,
caídas
en la vuelta de la rutina,
perdida entre palabras dichas,
no escuchadas.

Hablaba sin decir
y entiendo
que al final quedaba todo
entre algún que otro pensamiento desierto.

Explícame como es esa sensación,
y por qué solo aparece a tu alrededor.

Resulta que desconecté durante tanto tiempo
que ya sólo quedaba ruído.

Busqué para encontrar ese silencio
pausado
y entrecortado
entre sonrisa y sonrisa.

No me salves de la caída,
ni del deshielo
de estos tiempos de arena.
Menos aún del tiempo.
Menos aún, 
de las cadenas rotas como agujas de reloj.

Sálvame de las cabezas bajadas,
de las sonrisas perdidas,
de la tuya
encontrada. 

Ya sabes.
Dos besos que saben a poco
y despedidas de mucho.

Apuntando en un último aliento
a las cicatrices en una piel
rasgada por el peso del silencio.
Tuyo.

Ahora
ya tan solo eres un salvavidas
que se ha convertido en mi pastilla
para no dormir.