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Mostrando entradas de febrero, 2015

Infinitamente.

Hay veces que el alma se nos parte
en tantos pedacitos
que cuesta más encontrar 
nuestras propias partes que han quedado esparcidas
por cualquier lugar que algún día visitamos
que recomponerlo para que no se rompa más.

Te entregué lo más profundo de mi
aún sabiendo 
que era como darte el cuchillo 
con el que podrías matarme sin dejar rastro,
ni pistas,
ni huellas,
ni crimen. 
Me entregué a ti como en una novela rosa
como en un cuento de final feliz,
como si jamás hubiera conocido el miedo
o mi corazón nunca hubiera latido a pedazos.

Jamás confié tanto en alguien
jamás había sentido que mis manos soportaran tan poca sensación de peso
nunca me sentí tan pura
como ahora,
o tan reconstruida,
como siempre que me sonríes
y me dices bajito y despacio
que esta noche vas a dormir conmigo y no te vas a marchar. 

Resulta que no sabía escribirle a mi felicidad
si no se transformaba antes en escombros
y fríos rastros de lo que un día fue
pero ya no.
No era capaz de gritar de felicidad
ni de alegría
acostumbrada probablemente 
a …