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Mostrando entradas de febrero, 2016

Soy.

Soy esa que te deja sin nada o te lo da todo. 
La que te hace subir, bajar y volver a subir. 
La que te da estabilidad y te la quita.
La que te hace temblar cuando la ves a lo lejos.
La que te hace cerrar los ojos cuando la tienes demasiado cerca.
La que da igual con o sin ropa mientras tenga la sonrisa puesta. 
La de las canciones lentas.
Cuentos interminables.
Noches en vela.
La primera y la última.
La que te marcó sin marcas y con ellas.

Soy la culpable de mil sentimientos dentro de ti. 
De hacerte perder el control por fuera.
Soy la que te conoce y desconoces. 
Soy tu mayor duda y mayor miedo.
Tu mayor amor y mayor deseo.
Soy.
Soy la persona a la que amas. 
Soy la persona que has perdido para siempre. 



Un minuto más.

No entendiste 
quizá
que yo no soy como las otras.
Que soy más de refugiarme entre libros
y poesía,
de perderme, encontrarme
y volverme a perder
entre páginas
lineas,
letras,
versos,
sin más.
Que prefiero un sábado entre rimas
que de fiesta,
y cuando son las tres de la madrugada
y sigo
cómo no
despierta,
da por seguro que no estaré ligando
con el guapo de turno 
que consiguió mi número a saber como,
sino que estoy escribiendo,
seguro,
sobre lo que no me deja dormir.
O quién 
no 
me 
deja 
dormir.

Soy la chica que sonríe 
aunque sea el peor día de mi vida,
y luego habla con una hoja sobre ello.
Soy la que te acaricia
y te dice
que todo va a salir bien
y que el dolor
esta vez
también pasará.

La que se camufla
de toda esta multitud desconocida y autodestructiva
en el libro que leyó el año pasado
y que está volviendo a leer
porque las historias de amor con final feliz
son jodidamente hermosas.

La que comete errores, 
tantos
que he comenzado a escribirlos con h
para así sumar ya de paso, uno más.
Y que más da.

Resulta que necesito la tra…

Solo una.

Una vez escuché, 
que solo tenemos un amor de verdad
y el resto son solo para olvidar.

Yo solo me he enamorado 
una vez en mi vida,
aunque creí estarlo 
unas cuantas veces más
y estoy segura de que eso es suficiente. 
Y si,
no volví a ser la misma,
no volveré a serlo
pero tampoco lo pretendo,
porque si algo tengo claro,
es que cuando has amado tanto 
una parte de ti se pierde
se queda con aquella persona
y créeme,
ya no vuelve jamás.



Ya no bebo más, lo juro.

Siempre he pensando 
que enamorarse 
y emborracharse 
es prácticamente lo mismo.

Me refiero
al comienzo con esa fe enorme e inquebrantable 
de decirte a ti mismo 
''Está bien, esta vez controlo'' 
y de pronto estás hasta el cuello.

Después viene el reírse por cualquier cosa
y el sentirse,
como no,
la persona más feliz del mundo. 
Gritas a los cuatro vientos como te sientes,
y tienes esa maravillosa sensación 
de que puedes con cualquier cosa
en cualquier momento.

Luego viene la parte de hacer locuras,
de volverte tonto.
Y de tontería en tontería 
llega ese momento inevitable de tremendo bajón,
y lloras,
y de pronto ya nada es tan bonito,
y de pronto ya no controlas nada
porque todo comienza a controlarte a ti. 

Así es 
como después de la dura resaca
te prometes a ti mismo 
eso que todos alguna vez hemos dicho
de ''Ya no vuelvo a beber más, lo juro''.

Y así hasta la próxima copa,
y así, hasta el próximo beso.