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Mostrando entradas de abril, 2016

A partir de ahora.

Creo que hoy voy a dejar el tono amargo para otra ocasión, voy a renacer de mis cenizas, y voy a llegar hasta donde no he llegado nunca.
Porque puedes coger lo malo para lamentarte y retorcerte en tu dolor. O puedes utilizarlo para ser fuerte.

Así que terminó la guerra.
Hoy soy más fuerte que nunca.

Feliz día del libro.

No quiero dejar de leerte, 
ni dejar de ver tu pelo de medio lado,
que tan bien te queda, 
sólo a ti,

Ni esa barba de más de tres días, 
ni esa sonrisa tímida
que baila mil vals diferentes
en cada una de mis ruinas,
por muchas que éstas sean, 
y por mucho caos que seas tú.

Que nos hemos impuesto 
como una rutina de colores claros de viernes por la mañana,
aunque siempre, 
fuimos, 
de miércoles por la noche.

Y mira que nos quedan mil y un cuentos
por terminar de leer,
poemas por recitar
o por escribir,
aunque cariño, 
en tu caso,
sólo tengo que mirarte a los ojos para ello.

Y perdona por este ataque de celos contante 
de quererte para mi sola, 
pero es que eres tan lindo convertido en poesía, 
que me da miedo que todo el mundo se enamore de ti,
y luego quieran escribirte.

Ese es mi trabajo. 
Ese es mi premio.

Y el mirarte de reojo cuándo estás lejos, 
y el acariciar tus defectos 
hasta llegar al orgasmo.

No sé si sabes de que habla la poesía, 
las películas ñoñas de la tele, 
las canciones lentas,
o los libros de amor. 

A veces la inspiración está de nuestro lado.

No sé que extraña fuerza hizo que hoy me levantara pensando en ti,. Y tenga que escribirte, y sacar valor para ser fuerte cuando se supone que debería tener más fuerza que nunca.
La verdad es que llevo un par de días contigo corriendo por mi cabeza, puedo decir que no sé por qué, aunque lo sepa, pero la verdad es que es más fácil hacer como que no.
Que extraño sentimiento me hace translúcida, transparente, invisible, vulnerable. La verdad es que sin ti siempre he sido una niña pequeña asustada, cristal frágil, papel mojado o canción rota. Llámalo como quieras,

Siempre.

Siempre (y no exagero) me pregunto que te diría si te tuviera en frente, aunque sea rápido y por casualidad.
Siempre, me pregunto si seguirás con esa mirada triste, la cabeza agachada, pero más con más ganas que nunca de quererme bien y despacio, que a día de hoy creo, que es la mejor forma de querer a alguien.
Y quién sabe, tal vez tenga el valor de contarte cómo es mi vida sin ti, y decirte que tal vez no he cambiado tanto, sólo lo suficiente, para poder seguir siendo yo, solo que acostumbrada a no tenerte por aquí.