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Mostrando entradas de septiembre, 2018

A la tercera va la vencida.

Y seremos un poema de domingo por la noche,
cambiando el sueño por ganas,
el miedo por agallas,
transformando la complicidad en secretos.

Que nos envide el Fénix
porque nosotros siempre  ardemos en llamas
y de lo contrario, por ti estoy dispuesta a encender una cerilla en cada intento de viento.

Tendremos armas para aniquilar a cualquier ejército
que se crea capaz de destruirnos.
Y nos destruiremos,
sí, nosotros.
En cada nueva huida a cualquier lugar lo bastante lejos para sólo estar nosotros.
En cada nueva guerra de sábanas y gemidos,
en cada intento hacer menos ruido, y hacerlo mejor.

Que las segundas partes nunca fueron buenas,
pero a la tercera va la vencida.
Y me da igual cuanto me digan,
que yo solo soy capaz de sentir.

Te quiero para escribirte toda mi vida,
y para que me leas durante el resto de la tuya.



Me sumas.

Me enamoré de tu caos
completamente diferente al mío
porque entre los dos suman orden.
Y sumar es el verbo que utilizo para describirte,
porque entre ser o no ser, nosotros somos,
y sólo espero que no dejemos de ser jamás.
Que si hay que dejar,
que sean las ganas de rendirse,
el miedo a perder,
el no luchar por estar juntos,
aquí,
ahora,
siempre.

Voy contar un secreto,
la felicidad no se encuentra,
se tiene,
sólo tienes que dejarla salir.
Dejar que fluya.
Contigo ha salido de golpe,
a tropiezos,
con ganas de tocar el cielo de un solo salto.
Y entre salto y salto
solo soy capaz de ver que contigo soy,
aunque ni yo misma sepa bien lo que eso significa.

Ignoro en qué momento me gané la lotería de encontrarte,
pero sé que te quiero a mi lado,
te quiero bien,
y si te quieres marchar jamás te lo impediría,
porque sobre todas las cosas te quiero libre,
libre para querer quedarte,
libre para jamás retenerte si te quieres marchar.